Skip to content
Feb 5 / canelilla

2011, cosas buenas

Suele pasar que me doy cuenta de algunas cosas y que me digo a mí misma: “Ahora en terminar lo que estoy haciendo voy y hago lo otro”. Creo que ya hablé anteriormente de la facilidad de postergar que tengo y que creo mucha gente tiene, como yo. A principios de Enero pensé en que no había hecho mi post de fin de año con algún tipo de resumen, reflexión o monólogo sobre el 2011. Me dije que lo haría y no lo hice.

Durante la primera semana me dispuse a escribir una carta de Reyes en la que hablar de cómo había sido 2011 para mí y, quizá porque en ese momento no estaba motivada o de un humor no bueno, sino estable, me encontré a mí misma diciendo que 2011 no había tenido nada reseñable, nada extraordinario o simplemente nada a destacar. Un año “normalito”, según me vi escribiendo. Al final, como todo, postergué la impresión de esa carta y el contenido pasó a ser uno de los muchos documentos que voy guardando en mi ordenador para releerlos tiempo después y, por lo general, llevarme una alegría o una enseñanza.

La cuestión es que el fin de semana pasado fue pésimo. Estuve muy triste, muy enfadada, muy de vuelta de todo y con muchas ganas de encerrarme y lloriquear como hacía en la edad del pavo. La causa era obviamente más seria que en aquella época pero finalmente, como todo, terminó y las cosas van volviendo poco a poco a la normalidad. El caso es que recordé cómo, hace años, escribía posts muy positivos alternándolos con los negativos, eran mis emociones las que guiaban el paso del blog, tanto las buenas como las malas. Haciendo una revisión veo que últimamente mis posts remiten a sensaciones negativas, salvo aquellos que son de amor absoluto por los que me rodean. Y me dije “Oye tú, podrías aprovechar y escribir ese post de 2011, que sabes que ha sido bueno en esencia”. Y lo anuncié. Y sin más prolegómenos, aquí va, tras haberlo postergado una semana.

Cómo ha sido 2011? Sorprendente. Equilibrado. Raruno. Con pinceladas de todo.

Qué me ha hecho sentir 2011? Mejor persona. Aprender de mis circunstancias negativas. Sentirme capaz de mucho.

2011 ha sido, fundamentalmente, un año de superación. Y os parecerá una tontería, pero viene marcado por tres elementos fundamentales.

He aguantado el tipo. Sí, he aguantado el tipo en mi empresa. He vivido un segundo verano con los emperadores. Me he cagado en ellos el 99% de los días. Los he odiado, los he insultado interiormente tantas veces, de tantas formas, que ya ni sé si me darían el mínimo de lástima que todos los humanos pueden inspirarme, por muy capullos que sean. Pero he aguantado el tirón y, sobretodo, he aprendido a ignorarlos. A pasar de ellos. A hacer lo que yo consideraba por encima de mandatos sin sentido, aunque en otras muchas ocasiones, la mayoría, haya tenido que hacer lo que ellos consideraran, tuviera sentido o no. He aprendido a plantarme. He aprendido a hacer como que me da igual aunque no me de. He aprendido a que, al menos en invierno, me voy a mi hora salvo excepciones, no “irme a mi hora” como excepción. He aprendido a irme a casa y pensar poquísimo en ellos y sus circunstancias, a no revisar los mails, a desconectar los fines de semana. He aprendido a decir “basta” y dar dos de cal por cada una de arena. A llorar de rabia y enfadarme tanto que me hierve la sangre, pero a reducir este tipo de reacciones por un leve, sincero e interior “que les den por el c**o”. Quizá no sea el método, quizá no sea la manera. Pero he aprendido a que me afecte infinitamente menos que el año anterior.

He aprendido a dormir. Y probablemente pensaréis que es por lo anterior…pues sí y no. Sí porque la estupidez de los emperadores y la explotación a la que vengo siendo sometida hace que, si ya de por sí me es imposible relajarme, la posibilidad de dormir sea nula. Ese repaso mental es un auténtico problema, pero lo cierto es que yo siempre he tenido problemas para dormir, soy perfecta conocedora de los sonidos nocturnos de una casa y de la calle porque me he pasado muchas, muchísimas noches en vela con los ojos como platos “chupando techo”. Llegué a mi culmen en Octubre de 2010 y desde entonces, con mucho esfuerzo, he tenido que establecer una rutina, física y mental, para poder dormir bien por las noches. Un horario de abuelo cebolleta, infusiones de tila, adiós a mi queridísimo y venerado café después de comer y los Domingos, más costumbres y normas que en el ejército pero, oye… la cuestión es que a día de hoy, las excepciones son las noches en las que no pego ojo. Estoy contenta por mi esfuerzo. Estoy contenta por mi resultado porque, además, me ha permitido valorar mucho el tiempo desde que salgo de trabajar hasta que me acuesto. He aprendido a valorar, a adorar, el momento en que me tomo la infusión en el sofá y siento que mi cuerpo y mi mente se van relajando poco a poco. Que no quiere decir que no haga el repaso mental, pero la relajación a la que me he acostumbrado me hace decir a mi cabeza “basta, querida. Ahora no solucionas nada”  ó “Pues ya te dormirás”.

Me he dejado de fumar. Y esto es, de lejos, lo más increíble. Cierto que fue con una excusa (implante dental) y que me lo he tomado como un “a ver cuánto aguanto, si recaigo no pasa nada pero si no lo hago mejor”. Y creo que esa ha sido la razón del éxito, que en ningún momento me he presionado a mi misma ni lo he visto como una obligación. A día de hoy hace ya dos meses que no fumo nada y, aunque no he tenido crisis de mono ni días terribles, lo cierto es que de vez en cuando alguna vez me ha apetecido hacerlo. Pero he sido capaz de tener autocontrol. Y eso ha obrado refuerzos impresionantes en mi autoestima, en mi capacidad para plantearme retos. Quizá os parezca una gilipollez, pero yo siempre veo más de una cosa en todo lo que sucede, y así como suelo ver lo negativo también veo lo positivo. No quiero hablar mucho más del tema por no pensar en ello, pero lo cierto es que estoy muy, muy contenta. He ahorrado mucha pasta, huelo mejor y sí, también he comido más de la cuenta…pero siempre será mejor el quitarme kilos que dependencia.

Como véis, no puedo quejarme. Sólo por estas tres cosas ya ha merecido la pena vivir el 2011. Si a eso le sumamos que sigo teniendo a mi lado a mi eternidad, a mi familia y a las personas importantes de mi vida y que 2012 ha empezado con muchos proyectos nuevos, definitivamente, no puedo quejarme.

Jan 28 / canelilla

Vais a perdonarme que no ponga acentos hoy.Escribo desde el Iphone porque tengo necesidad de “desembuchar”, porque llevo un par de días pensando en cosas y mi libreta de escribir está lejos de donde yo estoy.
He de deciros que no estoy teniendo un buen fin de semana,que estoy lloriqueando por los rincones y que,obviamente,tengo una pila de argumentos tristes que compartir con vosotros (si hay algún alguien ahí).
Pero,oh sorpresa,escribo rápidamente este post ( que al final lleva sus acentos) para anunciaros que,en breve,a ser posible esta noche cuando tenga un ordenador a mano, escribiré un post bonito,con cosas que me hacen feliz y cosas positivas,que con la lectura de este blog podríais pensar que no me pasan,pero sí.
Ninguna de las cosas felices y motivadoras que quiero contaros ha sucedido hoy o ayer,pero llevo varias semanas pensando que siempre os transmito más tristezas que alegrías. Y haciendo un análisis del 2011 y el principio de 2012 me he dado cuenta de que han pasado muchas cosas buenas.Y os las quiero contar.
Lo dicho,quiero veros a todos con la sonrisa preparada. La vais a necesitar.

Jan 9 / canelilla

el reino del prototipo

No me gustan los clichés. Me gusta pensar que en la vida hay variaciones, que no todo es blanco o negro y no sólo gris, sino que el gris tiene tantos matices como uno quiera verlos.

Odio, pues, ser encasillada en un grupo, en un prototipo, en un tópico o en un cliché. Me gustaba, como a todo el mundo, cuando era adolescente porque me daba sensación de unidad, de pertenencia a un grupo. Con el tiempo aprendí que en la diferencia están las mejores cosas. Y no es que yo ame a mis peores enemigos ni quiera única y exclusivamente gente opuesta a mí, pero sí me gusta pensar que, como bien dice el dicho, “en todas partes se cuecen habas” y que no pasa nada porque pensemos lo mismo con distintos matices, o incluso cosas absolutamente distintas. Creo que nos enriquece y nos hace aprender, eso sí, siempre y cuando haya respeto.

Desde hace unos años siento cada vez más cercano e intenso el ataque a mis creencias religiosas. Sé y estoy segura de que el anterior gobierno alimentó un cuestionamiento constante e irrespetuoso, que probablemente ya estaba pero que se vió notablemente reforzado y fortalecido por el gobierno, no solamente de la insitución que las “representa”, sino también de las personas creyentes. No soy yo más lista que nadie ni tengo la verdad universal en mis manos…más quisiera. Pero sí sé que las personas no pueden vivir sin creer en algo. En su familia, en sí mismos, en Cristiano Ronaldo si me apuras… Y merecen ser respetadas por ello. También sé que, y esto es lo que más me jode, no soy de derechas por creer. Definitiva y jodidamente el que yo crea no quiere decir que tenga que ser de derechas, llevar la raya del pelo enmedio y faldas por la rodilla, como rezan los tópicos. Como decía, no soy yo más lista que nadie pero es de ser muy gilipollas el pensar que se puede asociar una persona a una tendencia política por tener fe. Me he sentido atacada, ninguneada y cuestionada, no sólo por desconocidos y masa de gente en general sino, y esto es lo que me duele en el alma, por personas cercanas y conocidas a las que respeto por no creer y de las que no obtengo respeto a cambio. Personas que no escatiman esfuerzos en recordarme “tú crees en unos ladrones/pederastas/aprovechados”.

Además, tengo la suerte o la desgracia de disponer de una familia tradicional y un nivel de vida óptimo. No puedo estar sin trabajar, pero afortunadamente no tengo el dinero constantemente en mi cabeza ni estoy en riesgo permanente. Si a esto le sumamos lo anterior, el cliché toma cada vez más fuerza. Recuerdo que una vez alguien llegó a decirme que yo no podía hablar de la crisis porque no tenía problemas económicos. Interesante teniendo en cuenta que esa persona tenía un salario superior al mío, eso sí, pero aunque tuviera un Mercedes se consideraba un obrero oprimido por el capitalismo y a mí una burguesa. A ese alguien no pude escupirle en la cara porque la situación me lo impedía, pero lo hubiera hecho gustosamente. Mi “clase” se supone que vota a los partidos de derechas.

Estoy bastante cansada de tener que defender mi postura, de tener que explicar que no soy ni mucho menos mileurista, que ojalá lo fuera. Que sigo dependiendo algo de mis padres a mis 26 años. Que me gustaría poder tener mi casa, mi sitio, empezar de una puñetera vez mi vida pero no puedo porque me afecta la misma crisis que a los demás.Que no he votado al PP. Que he votado al PSOE durante años y lo he defendido a capa y espada contra todo, contra todos. Que es cuestión de unos años a esta parte que no lo haga.Que tengo derecho a opinar siempre y cuando no menosprecie a nadie por lo que piensa. Que yo, como cualquiera, tengo derecho a pensar lo que me dé la gana. Que yo, por tener más o menos, por creer o no creer, no tengo menos aptitudes, criterio y opinión para argumentar. Que en todas partes hay de todo. Que no todo es blanco ni negro.

Sé que afortunadamente no soy la única a la que le pasa, pero estoy muy cansada de gente que no respeta. Muy cansada de gente demagoga que critica, busca argumentos sin fundamento, lee sin leer hasta la última coma. Harta de que la gente se llene la boca de democracia y no sea capaz de respetar la libertad de pensamiento y la libertad de creencias de los que le rodean. Pero sobretodo, estoy hasta los mismísimos de que la gente no sepa defender sus posturas sin atacar a algo o alguien. Sin menospreciar.De la gente que al no tener argumento necesita tirar por tierra los de los demás.

En este país nos gusta dárnoslas de moderados…pero cada vez somos más radicales.

Cada vez vamos más hacia atrás…y lo peor no es eso. Lo peor es que pensamos, ya que la soberbia es el pecado nacional, que avanzamos sin freno.

Cada vez somos menos pensamiento, menos tolerancia, menos humanidad. Cada vez somos muchos, muchísimos más clichés.

Nov 20 / canelilla

de musicoterapia y recuerdos…

No soy mucho de terapias alternativas.

Lo que sí es cierto es que, en los últimos tiempos, fundamentalmente debido al frecuente y constante puteo de los emperadores, me he visto en la necesidad de crearme rutinas, modos y técnicas para relajarme, para desconectar, para parar la cabeza por un minuto y concentrarme en pensar en positivo. Una de ellas es la musicoterapia que yo misma selecciono y me aplico, no exclusivamente cuando estoy en el éxtasis del agobio o la negatividad, sino cada vez que quiero sentirme “agusto”. No querría que pensárais que hago todo un ritual, sino que simplemente un buen día me di cuenta de las canciones que me dan buen rollo, que me hacen sentirme bien, y las junté en una misma lista del Spotify. En ella hay, como en toda mi música, un batiburrillo de estilos, cantantes y épocas, que es como a mí me gusta escuchar música.Sin un orden aparente, sin un nexo en común salvo uno: yo.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que mi afición a escuchar música pasa, en muchas ocasiones, por los recuerdos que cada canción me trae. Momentos, personas, situaciones…todo me recuerda a algo. Y ese algo, junto con la música, me reconforta. Me percato de  que asocio algunas canciones a las personas de mi entorno. Y en mi entorno, como siempre, lo más reconfortante son los míos. Y, como siempre, cada uno tiene su canción:

Mis abuelos tenían su canción. Y era ésta. Realmente nunca supe cuál fue su canción, ni siquiera si tuvieron alguna, pero la experiencia me dice que cuando fueron novios bastante tuvieron con sobrevivir como para buscarse una pequeñez como es una canción. Lo que sé es que mi abuela, de vez en cuando, la cantaba hablando de lo bonita que era la música antes y no el “chunchun” de ahora. También sé que en los ojos perdidos de mi abuelo, la sola pronunciación de “mirando al mar soñé…” hacía que te contestara “que estaba junto a tí”, repitiendo una de las pocas cosas que quedaban en su memoria. Siempre la asocié con ellos, especialmente en sus últimos años. Y a día de hoy me sirve para esos momentos en los que los recuerdo y quiero sentirlos cerca. Lo consiguen, como siempre.

Mi padre tiene muchas, pero debo elegir una. Y se trata de ésta. Porque mi padre, si hubiera podido, hubiera sido músico, y porque siempre le quedó la espinita clavada de que alguna de nosotras lo fuera. Melómano auténtico, pierdo la cuenta de todos sus materiales musicales (cintas, vinilos, discos, etc) y de la cantidad de música clásica que escucha, reconoce y tararea en cualquier momento de la vida. Me encantaba que cuando se ponía a organizar papeles en esa temida fecha del año se encerrara en su despacho, con la música clásica a todo trapo, miles de cigarros y ganas nulas de que entráramos a molestarlo. Obviamente, lo hacíamos. Y a mí, como siempre, me encantaba compartir momentos en soledad con él. Pasado el tiempo, empecé a asociar esta pieza con él porque es la única de música clásica que utilizo cuando necesito gritar, bien sea de tristeza y rabia o de alegría. Además, es la banda sonora de Documentos TV, uno de mis programas favoritos a lo largo de todos los tiempos, referente de La 2, cadena que mi padre ponía de pequeña, después de comer, para ver los documentales.

Mi madre es más moderna, siempre ha escuchado música de su época hasta verse comprometida por ello. Fan incondicional de Serrat, aportó a nuestra infancia la banda sonora con piezas como “Para piel de manzana”, las versiones cantadas de los poemas de Machado y Miguel Hernández, “Paraules d’amor”, “Llueve”, etc. Sin embargo, su canción es ésta.Quizá porque el día que supe que ella, de joven, la escuchaba constantemente, me sentí más cerca de ella.Quizá porque nunca habría esperado que ella pasara su inicio de la edad adulta escuchando Lluis Llach, Raimon y todos aquellos cantautores. Quizá porque cuando lo descubrí me encontraba en la misma situación. Quizá porque me di cuenta de que ella también había sido joven, también había idolatrado al Ché y también se había sentido rebelde a nivel político. Desde entonces, cada vez que escucho Lluis Llach pienso en mi madre con mi edad, con mi cara, con sus circunstancias…y la siento tan cercana.

Mi hermana R es, definitivamente, esta canción. Si hay algo que tengo que agradecerle, además de millones de cosas de profundidad y trascendencia absoluta, es que me iniciara a Bon Jovi.La recuerdo tirada en su cama, que luego fue mía, con sus brackets y sus dientes de tiburón, con la pintilla propia de los adolescentes de los 80-90, escribiéndose en una libreta la letra de las canciones de Bon Jovi, en un inglés perfecto, cantando perfectamente coordinada con la música. La recuerdo en su edad del pavo, flipando con un tío con pelos de león y pantalón de cuero. Y yo, por imitación, también flipé. Con el paso de los años, no sólo le robé todos sus discos sino que llevé el fanatismo a mi propio terreno y escuchaba, ajena a la música de la época que me correspondía, a un tipo que había empezado a cantar antes de nacer yo. En la adolescencia, cuando mis amigas escuchaban Los 40, yo seguía escuchando a Bon Jovi. Idem en la etapa adulta. A día de hoy, sigo declarándome fan incondicional (y mi entorno sigue sin entenderlo) del mismo tipo que, como yo, va sumando años a su pasión. Y él, haya la música que haya en el momento, sigue siendo la mía. (En otro capítulo contaré el momento culminante de verlo en concierto, pero eso es una historia gruppie que me reservo para otro momento)

Mi cuñado JF es, aunque no tenga nada que ver con él y su personalidad, ésta. Me da hasta vergüenza ponerlo y él me matará con tortura insoportable si se entera de que la he asociado con él. Pero lo cierto es que si por algo ha destacado,aparte de por considerarlo como el hermano mayor que nunca había tenido, es por la cantidad de imitaciones y bailes chorras que hemos hecho desde que nos conocimos. Poner voces, motes, decir chorradas en el momento más oportuno o tenso y reírnos miles de años después son sólo algunas de las pocas cosas que, con sólo recordarlas, me hacen recordarlo a él, con su camiseta de “Salvemos el aullido del lobo”, y me despiertan una ternura especial. Ésta fue una de las mayores imitaciones con performance que montamos en mi cocina, cuando hartos de que los vecinos la pusieran todos los días, a las cuatro de la tarde y a todo trapo por el patio, habiéndonoslas aprendido de memoria y obligados por las circunstancias, decidimos tomárnoslo con humor y reírnos a costa de esta cutrez musical que tanto nos atormentaba. Sobra decir que me acuerdo de ella cada vez que digo “En la cocina”.

Mi hermana M tiene muchas canciones. Desde la BSO de Marco, que no pongo porque aún se me escapa la lagrimilla, hasta la frikada de Lucky, que se puso en el móvil para histerismo mío por semejante m***da. Pero sin duda, mi hermana es cantautor. Es Ismael Serrano, es Marwan, es Luis Ramiro. Es Sabina y es ésta. En su etapa madrileña odiosa, de la que ya he hablado en algún post de este blog, se enamoró perdidamente de Madrid y su vidilla, de la variedad, amplitud y opciones de escuchar, aprender y vivir experiencias que la ciudad aporta a los que la visitan y la viven. Yo, fanática de Bon Jovi y cosas de tiempos inmemoriales como Jimi Hendrix, The Who, Los Ramones, Janis Joplin, The Animals, etc, no acababa de comprender cómo podían gustarle Ismael Serrano y Sabina.Hasta que, años más tarde, acabé disfrutando de todo ello al máximo, por estas fechas.Una vez más, la ciudad, los cantautores y mi propia circunstancia me hicieron cambiar el punto de vista. Hasta hoy.

Mi cuñado JR tiene, básicamente, todas las canciones de uno de mis grupos favoritos. El santo varón, ese hombre bendito a más no poder que ha sabido acostumbrarse a todos los anteriores y a mí con más paciencia que el Santo Job y ya mayorcito, sabrá por tanto perdonarme por asociar con él esta canción. Diría que me gustó pero lo cierto es que aluciné/me encantó/me sentí realizada cuando supe que a él le molaban mis grupos, que nada tienen que ver con el de la canción. Disfruté como un enano cuando en el mercadillo de Portobello pude comprarle un vinilo de segunda mano de The Who. Pero lo cierto es que cuando lo conocí, cuando ni yo ni mi hermana nos imaginábamos que algún día sería mi cuñado, él y sus amigotes no paraban de cantar canciones de los Chichos y hacer el tontaco con las letras. Aluciné tanto con la tontería que a día de hoy sigo asociando este grupo chorra a su persona.

Mi eternidad tiene toneladas de canciones, las más bonitas del mundo mundial, las más profundas e incluso las más tontas. A lo largo de 12 años ha supuesto un recuerdo en miles de tipos de canciones, e incluso en las más tristes, en las que no necesariamente cualquier tiempo pasado fue mejor (ni peor), pero sí positivo porque me ha llevado al momento de hoy, que sí lo es y es algo por lo que doy gracias y me esfuerzo cada día. Se ríe bastante de mí al mostrar mi preocupación por no tener una canción definida, nuestra, cosa que tiene hasta la pareja más cani y más breve de la historia. A él le encanta decir que tenemos muchas, muchísimas, y que por eso somos mejores. Y tiene razón. Tenemos miles, pero yo destacaría unas poquitas. Mi eternidad es ésta, porque me la descubrió hace años luz y me hizo sentir especial. Ésta porque leímos la letra y entendimos muchas cosas,ya un poco más mayores. Ésta, porque con ella viví el momento más simple pero más bonito de los que recuerdo y ésta, porque éramos tan, tan pequeños…

Aug 9 / canelilla

Recuerdo que tenías un esbozo de bigote. Apenas un poco, pero suficiente como para ser percibido. Imagino que por aquel entonces llevabas poco tiempo afeitándote…a fin de cuentas eras todavía un niño.

Recuerdo que en mis recuerdos, tus escritos en mi agenda eran breves, concisos, como sigues siendo doce años después.Pierdo los recuerdos desde el primero hasta el día que te ubiqué, que supe quién eras y te puse cara. Pantalón gris, jersey azul con una raya roja y unas botas marrones. Te vi y, sinceramente, pierdo de nuevo los recuerdos desde entonces hasta el día que nos encontramos “casualmente” en mi cumpleaños.

Se paró el tiempo, o al menos esa sensación tuve yo y eso recuerdo, cuando te vi en la puerta, dando tu dni al portero. Y pensé en mi prima, que me forzó a cambiar de ubicación para celebrar el cumpleaños. En los albores de mi macarrería, Tantallon era el destino que había elegido y que cambié por otro con un nombre y una expectativa más sugerente, Carpe Diem.Sé que te vi y pensé “Dios, qué casualidad, llega cuando estoy frente a la puerta”. Ni sé cómo empezamos a hablar, pero sé que apenas volví a la “pista” para quedarme hablando contigo en unos taburetes de piedra, alrededor de unas mesas en las que los mayores de la siguiente sesión tomaban copas y megavasos.

Me sentí tan pequeña cuando ni yo misma supe qué era la barra libre…y la vergüenza que sentí al deberte dinero cuando apenas nos habíamos conocido. Esas 300 pesetas de un San Francisco, al que me invitaste al pedirte una Pantera Rosa. Muero de risa al vernos ahora y pensar que todo empezó con una Pantera Rosa y 300 pesetas. No sé cómo empezamos a jugar con el llavero del guardarropa. Desconozco en qué momento nos movimos de las mesas al pasillo de los aseos. Sé que me besaste y respondí, pese a que no tenía muy claro cómo hacerlo. Recuerdo ver a mis amigas por la ventanilla de las puertas del pasillo y pensar en que me iban a avasallar a preguntas.

Recuerdo desconocer totalmente lo que se me iba a venir encima y cómo aquella tarde iba a marcar un antes y un después….

…para que doce años después, aún me emocione al contarla.

Aug 1 / canelilla

vacaciones, ese idilico estado…

Cuando el año pasado me enteré, de golpe como venía siendo la costumbre, de que no había posibilidad de coger ni una mínima vacación en verano, intenté asimilarlo y lo di por hecho de forma sencilla.

He de decir, para contrarrestar esa imagen inconformista y racional que os habréis hecho de mi persona tras leer la línea anterior, que me cagué en todo lo cagable durante cada día del verano. Cuando uno está de vacaciones piensa muy poco en la hostelería. Yo incluída. Aun así, lo cierto es que el dicho dice que la gente que trabaja en hostelería no vacaciona en verano y curra un huevo pero cobra una pasta. En mi caso, dos de los supuestos se cumplen. El tercero ni de coña.

Jode mucho cobrar poco, pero jode aún más trabajar para las vacaciones y la fiesta de los demás. Le entran a uno unos calores y una envidia que deberían figurar como pecado capital porque se vuelve uno egoísta del todo. No es que fastidie currar cuando nadie lo hace, sino currar para ese uno que no lo hace. Eso no tiene nombre.

Además, la gente suele decirte “Uy qué bien, cuando tú te vayas de vacaciones te saldrá barato”. Y piensas, sí, cuando yo me vaya de vacaciones me saldrá por nada por una sencilla razón: nadie se va de vacaciones en esas fechas. Lo que,además, conlleva que nadie pueda irse de vacaciones contigo porque estará trabajando. Porque no es tiempo de vacaciones, y punto pelota.

Todo eso junto lleva a dos pensamientos: “Que se acabe ya el verano” y “quiero,necesito y daría mi vida porque las vacaciones empezaran mañana”.

Visto así, es un drama. Que lo es. Y quien lo viva y lo sepa, que opine. Lo del resto, sintiéndolo mucho, son percepciones desde fuera.

La solución al drama pasa por recordar por qué le gustaba tanto a uno el verano y lo feliz que solía ser con esta época.Aquí van unos pocos, poquísimos, recuerdos felices de verano de todos los que poseo…

Ir a la playa con mi abuelo. Recuerdo que ambos nos poníamos negros de tanto sol y playa, y yo me preguntaba por qué la piel de mi abuelo era tan dura, tan “de lagarto”.Sus arrugas se convertían en surcos bicolor marrón-blanco cuando le estiraba la piel.Obviamente, nunca se lo pregunté, gracias a Dios.

Ir a refrescar. Era la excusa perfecta que mis abuelos utilizaban para obligarnos a ir a misa y que mis padres pudiesen quitársenos del cuerpo por un rato. El mantecado de Laico, las tostadas con mantequilla o la leche preparada…tras una misa en tensión en la que mi abuelo me amenazaba con preguntarme después para que prestara atención (obviamente, nunca lo hizo). Me parto de risa al recordarme intentando memorizar el Evangelio y cualquier otro dato que considerase relevante.

Tomar la luna. Era la última parte del día, la que definía el momento de subirse a casa, cenar y caer rota en el sillón. Desde las 4 de la tarde hasta las 10 de la noche, jugaba sin límites con mis vecinas, y el colofón final era tomar la luna en la rampa de mi casa. Una especie de pre-relajación que marcaba el fin del día.

En el fondo, me encanta el verano…y quejarme. :)

Jul 26 / canelilla

Gracias

Hay días en los que tienes un recuerdo tan presente, tan fuerte y tan intenso de algo o alguien que te aferras a él con todas tus fuerzas. Y hay algunos recuerdos que duelen tanto, tantísimo, que no te queda otra que buscar un objeto de distracción para, por un momento, engañar a la mente y dejar que siga con tu vida.

Suele coincidir que esos mismos días, tienes unos emperadores especialmente cabrones y que te hacen plantearte por qué la semana pasada estuviste tan bien (entendiendo bien como que no estuviste mal), por qué no había un p*** problema y todo era perfecto, o al menos correcto, y ahora todo en sí es un jodido problema. Suele pasar que, repitiendo un mantra de palabras malsonantes en tu cabeza (porque como salga la has fastidiado pero bien), se te pasa por un rato pero te queda una sensación en el estómago y el alma (que debe estar en algún sitio a caballo entre el estómago y el pecho) muy negativa que no te deja distraerte.

Por suerte, ese recuerdo antaño negativo vuelve en tu busca y se torna dulce. Dejas de recordar qué pasó y te centras en el objeto de tu recuerdo, en este caso, la persona que lo generó. Te sientes mejor y das gracias al cielo, a todos los dioses existentes y a toda la humanidad en general, por haber conocido a alguien que, muchos años después, sigue haciéndote feliz con sólo recordarla. Si no mejor, estás más calmada y sí, echas en falta a aquella persona como para maldecir el mundo entero por el hecho de que un día se fuese, quizá lloras, pero te sientes afortunado por haber compartido parte de tu vida con ella.

Y en ese momento, en ese maremagnum de sensaciones contradictorias, las cosas más simples te recuerdan que los que se fueron siempre están a tu lado, en lo bueno y en lo malo. Y vas a Mercadona y te basta con aspirar ligeramente un bote de Heno de Pravia para calmarte, recomponerte y ver las cosas de otro modo. Y definitivamente piensas que nunca se han ido y que velan por tí siempre, tal y como dijeron que harían.

Mis abuelos me cuidan, allá donde estén. Se interponen en mi día a día, en mis recuerdos y mis vivencias, para ayudarme a ordenarlo.

Y yo sólo puedo dar gracias porque una vez más, sólo con su recuerdo, me hayan hecho sentir feliz en un día terrible.

Gracias.

Jul 3 / canelilla

Momentos estelares

Antes de nada, decir que la teoría conspiratoria de que Blog.com se mantiene gracias a becarios y que, como buenos becarios es muy posible que se  vayan de vacaciones(siempre,siempre,siempre peta en verano) va cogiendo forma gracias a los nulos intentos de ayer -concretamente 8- para acceder y escribir un post. Mis condolencias al becariado, en el fondo sé que son los únicos que no se van de vacaciones en verano (junto con los becarios de la seguridad social, como la menda) y por solidaridad, me aguanto y me espero al día siguiente para escribir. Aunque…

…si bien ayer era un día absolutamente propicio para escribir, un día de esos megahiperultra positivo en el que recibes el chispazo que te lleva a encender el ordenador y desesperarte hasta que la página del blog se carga, hoy no lo es tanto. Es un día tonto, bastante, como el domingo pasado. Ya no me disgustan tanto los domingos, pese a que soy consciente de que al día siguiente veré a los emperadores y no me hará gracia alguna, pero qué voy a hacerle, tengo un día tonto. Aún así, me he decidido a hacer como que “aquinohapasadonadayvoyahacercomoquesemeolvida” y escribir ese post mega positivo que tenía pensado.

Momentos estelares, que he tenido muchos en la vida. Como el día que descubrí el blog al que copio este tema para los posts (a mí me gusta más decir que me inspiran, pero lo cierto es que me falta la coletilla para hacer un fusilamiento total de la temática), que recomiendo encarecidamente y que podéis y debéis visitar aquí. Como decía, ayer fue un día de esos de agustito total, en los que uno no para de ver las buenas cosas de la vida y se cree que el hecho de que sea Sábado no tiene influencia alguna. Y coincidió con que vi un post en el que me ví ciertamente reflejada, en el que se hablaba de que quizá uno no había sido intrépido ni había hecho cosas en la vida que a otros dejasen con la boca abierta, pero que ésta había estado plagada de momentos importantes que se recuerdan, con sonrisa o llanto, pero se recuerdan.

No soy una persona valiente. Al contrario, soy bastante miedosa y, como otras grandes leyendas urbanas, esto no necesariamente se pasa con la edad.Al menos, no en mi caso. Así que no he llevado a cabo grandes gestas en las que pensar un domingo nada más levantarme y decir “jo***, qué vida más plena,emocionante y realizante, puedo morir tranquila mañana, por ejemplo”. Pero sí, gracias a mi memoria (eso sí que dejaría a casi cualquiera con la boca abierta, os lo aseguro), me doy cuenta de que lo que llevo vivido hasta ahora está lleno de momentos importantísimos en los que poder pensar y que recuerdo con absoluta claridad. Momentos, en su mayoría, de los que me acuerdo en un momento que nada tiene que ver con el original, que se ven estimulados por cualquier tipo de tontería no necesariamente relacionada. Como por ejemplo…

El día que volví por “n” vez con mi eternidad y me sentí triunfante.Había puesto mis normas (o eso creía yo…inocente!) y él las había aceptado. Me había resistido, no sin un esfuerzo atronador, a un forcejeo de esos que con dieciséis años pretende un acercamiento para “poner a huevo” un beso de esos rápidos y castos que significaba volver. Volví a mi casa con los pies llenos de arena, con la tensión por los suelos por si mis padres me pillaban llegando tarde y el orgullo por los cielos, de gesta conseguida y efecto requetemega positivo.

La caída de mi primer diente. Como yo tuve muy claro, desde bien pequeña, que era una raspilla y pegarme con alguien sólo me iba a hacer perder, cuando tenía que hacerlo mordía. Sí, mordía. Me daba igual a quién, dónde y cómo, el “pelear con uñas y dientes” yo lo dejaba en “dientes”. Mordí a mi hermana mediana con rabia, furia e ira porque no sé muy bien qué estaba haciendo pero me estaba poniendo de los pelos. Era una técnica que mi hermana depuraba a diario con cualquiera de los miembros de mi piñafamilia.Recuerdo perfectamente ese jersey feo que llevaba(los 80, esa gran década de la estética), de lana gruesa y color turquesa, cuyas fibras sirvieron de catapulta para hacer saltar un diente de leche que se estaba moviendo. Una parábola perfecta, un intento de herir que en realidad no debió hacer mucho daño. Recuerdo recoger los daños colaterales(el diente) e ir llorando hasta mi madre con cara de “por qué este diente ha saltado” y cambiarla por la de “dios,qué mayor que soy” cuando me felicitó por el diente caído. Eso sí, cuando supo el origen de la caída no me felicitó tanto. La mirada de la muerte mortal, algo que mi madre debería patentar, es algo que también recuerdo a la perfección.

La primera fuga a los madriles. La emoción del momento, apestando a Nivea y Calvin Klein y escuchando “You take my self control” en versión chill out en avión de Iberia.Con El País, el MP3 y una extraña sensación de  vida al límite, acompañada del siempre presente cargo de conciencia por si miraquesimepasaalgoynadiesabequeestoyaqui.Hasta Diciembre hice tres escapadas y en la tercera ya informé al personal de mi marcha durante el mejor puentaco de la historia de mi vida, el de la Inmaculada.Fui feliz. Con todas las letras.Fui a un japo con cierta soltura, viví la agónica Gran Vía en festivo, me quise comprar un libro sobre Telecinco (ahí estaba empezando mi boicot que a día de hoy sigue activo),me sabía algunas calles,cené a las 3 de la madrugada, desayuné  a las 13h, comí a las 19h y descubrí El Retiro, hecha un copo de nieve. Comprender que incluso las carpas se empanan y se salen de la fila. Tontería? Pues claro, pero es una de las anécdotas más recurrentes en mis conversaciones con mi eternidad.

El día en que sentí la necesidad atronante de hacerme una cuenta en Facebook.Pasa que yo tengo dos “amigas de Foster’s”. Ninguna de ellas trabaja allí ni tiene nada que ver, pero para acortar la descripción de qué amigas son a mi eternidad y aledaños, utilizo esa expresión. Fuimos juntas al bachillerato y nos juntábamos dos o tres veces al año para comer en el Foster’s, siempre lo mismo. En esas reuniones, el 40% estaba dedicado a “sabes que he visto a nosequien nosedonde y está haciendo nosequé?” con respuestas del tipo “sí,lo he visto en Facebook”. Siempre hablaba mal de la gente que se metía en Facebook, y como siempre me comí las palabras con la hartura de no conocer cotilleos y encontrar a gente del cole, que me hacía mucha ilusión. La noche antes de darme de alta estuvimos las tres tomando un mojito, debió ser el cambio de lugar, pero a la mañana siguiente me hice una cuenta. Hasta hoy.

Muchos más, en los siguientes capítulos…

Jun 4 / canelilla

Emocion

Ante ustedes, he aquí una tía emocionada ante una actuación escolar…

A veces los niños son un auténtico tostón, te ponen a las tres piedrecicas,no puedes hacerles razonar como a adultos y te putean cuando quieres dormir la siesta.

Tienen tantas cosas malas como buenas, unas veces dices “Dios, ¡Cómo pueden querer tenerlos!” y otras te planteas “Quiero un regimiento”.

Pero lo cierto es que los quieres, mucho, y sabes que ellos quieren sinceramente, al cien por cien, sin condiciones.

En mi caso, adoro a mis sobrinos desde el primer momento en que los ví, calentitos y muy pequeños, envueltos en una manta y con gorro de recién nacido. Desde entonces, todos los días, a todas horas y para siempre.

Han hecho mucho más por mí de lo que en un principio pudiese percibir y han aportado una perspectiva que, al ser la hermana pequeña, desconocía.

Por eso y por muchas cosas más, hoy soy una tía emocionada a punto de ver actuar a una de las personas más importantes de su vida. Estoy contenta y orgullosa, incluso antes de empezar.

Os quiero, dadges y gato. Siempre.

Jun 4 / canelilla

Politicamente “in”correcto….

En una época en la que se nos obliga, de forma indirecta, a ser políticamente correctos en cuanto a pensamiento, entendiendo esto último como valorar positivamente las mismas cosas siempre que esas mismas cosas sean las que le convienen a vaya usted a saber quién, me veo obligada a ser un pelín incorrecta.

Me explico.

Siempre he sido muy aficionada a leer, en el suplemento de Yo Dona, la columna de Bárbara Alpuente, de quien hice mención en un post llamado “Postergar” hace un tiempo. Me gusta mucho su forma de redactar y de ver las cosas, pese a que no siempre coincidamos en los puntos de vista.Yo soy así, oiga, como a cualquier hijo de vecino no me gusta que me lleven la contraria, pero estoy dispuesta a que lo hagan siempre que me den un argumento mínimamente coherente. Pasa que con el tiempo, he descubierto a su compañero de página, Pedro Simón, que habitualmente se queja de algo(como la menda) y ahonda mucho en esas típicas cosas que mencionaba un par de líneas más arriba: lo habitualmente aceptado y el desafío constante a ser más o menos políticamente correcto.

Leía hoy, en su columna, una especie de crítica a esos padres, o mejor dicho, al pensamiento de esos padres que consideran responsable hasta al más pintado antes que a sí mismos de las actitudes de sus hijos. Que no se me tense mi lectora más fiel, Guiz, no voy a meterme con vosotros y sé de sobra que cuando uno tiene un “mini yo” (o varios), las cosas cambian y el punto de vista, también. Gracias a Dios. El caso es que hoy hablaba concretamente de los profesores, y tras pensar un poco me he dado cuenta de que mis valoraciones sobre determinados colectivos son bastante distintas a las de, llamémosle, la masa.

Partiendo de la base de que,y reléanse estas condiciones en caso de duda o antes de juzgar en cada opinión vertida a continuación,

de que en todos sitios hay gente buena, mala o una mezcla de los dos…

de que no necesariamente apoyo siempre bajo toda condición y en todos los casos…

de que puedo retractarme en cuanto haya algo que me haga cambiar de opinión…

de que al final, muchas cosas son relativas,dependen del punto de vista y la circunstancia y así debe interpretarse…

Manifiesto apoyar a los siguientes colectivos, últimamente juzgados de forma constante y no siempre objetiva…

Apoyo a los profesores, o mejor dicho a los verdaderos maestros. No me parece que tengan la responsabilidad única, última y absoluta de cómo sean los niños al final. Creo que es una responsabilidad compartida y poco sirve que te enseñen a los niños si luego tú en casa pasas de educarlos, criarlos y enseñarlos. Especialmente si pasas porque prefieres ver a la Esteban o cualquier personaje de Telecinco (ahí os he dado cancha, mira que tenéis personajes para elegir!) en lugar de ponerte a pensar y a formar a una persona, que es de lo que realmente se trata. Ya, ya sé que no todos los padres,afortunadamente, pasan por eso y que hay miles de circunstancias que rodean a  la crianza, peeero…cuando la época del colegio/instituto/universidad termine, al único que podrás reclamar o responsabilizar es a tu hijo o a tí de cómo sea el primero, de cómo piense y cómo actúe. Vale que, además de tí, hay un montón de personas y condicionantes externos que van a modificar lo que tú hayas querido o criado, y es realmente una p*tada, pero si la base es buena, siempre sirve de algo.Y esa base son los padres y la familia los que la tienen que construir. Luego el padre que responsabiliza, al 100%, a un profesor de que su hijo sea un macarra, una mala persona (por desgracia hay niños que lo son), que suspenda o que sea un agresivo (de éstos hay muchos, pero muchos más), no sólo se equivoca, sino que además se deja en evidencia a sí mismo.

Apoyo a los policías, siempre y cuando no se pasen ni un pelo ni se excedan en el modo de ejercer su trabajo o su autoridad. No apoyo en ningún caso que sean motivo de burla, mofa o provocación por el mero hecho de saber que trabajan para protegerte o porque tengan un sueldo tal o cual por haber aprobado un examen.Mucho más aún cuando la gente provoca por provocar, sabiendo que total, ellos van a estar ahí igualmente porque “les toca estar y para eso les pagan”. Porque luego, queridos, cuando algo se sale de la normalidad más normal, o da miedo, o tensa, o simplemente angustia…no llama uno a la vecina del quinto, por ejemplo, y tan ricamente le viene que la policía acuda y lo saque del lío, o simplemente ponga un poco de orden.Por supuesto, tampoco apoyo esos casos en los que la policía se propasa por el mero hecho de ser policía. Entiendo que en el oficio hay que ser consciente de que se trata con el público, y el público siempre es para darle de comer aparte, por lo que hay que asumir que habrá de todo. Y ahí está el quid de la cuestión, hay gente buena y mala y no se tiene que tratar a todos como buenos o como malos.

Apoyo a las personas que piensan y argumentan, que esperan a que el otro termine de argumentar las suyas para rebatir, discutir o formar un debate de contrastes. Sean mayores,jóvenes,pequeños, de derechas,izquierdas,centro,de arriba o abajo. Apoyo a los que se salen de la masa para defender cosas e ideas que los “amasados” han olvidado por la comodidad o la indiferencia.  Apoyo a los que hacen pensar, a los que convencen a través de la reflexión y de la acción sin molestar o dejar de respetar a los demas. A los que se hacen respetar respetando. Odio y me avergüenzo de los que hacen todo lo anterior sin acordarse de que los demás, aunque piensen diferente, merecen ser escuchados. En general, intento sacar de mi cabeza a todos aquellos que vengan sus derechos y olvidan sus obligaciones sólo por el hecho de reivindicar los anteriores.

Apoyo el respeto, por encima de todas las cosas y todos los colectivos…

…aunque por eso tenga que ser, a veces, políticamente incorrecta.