En alusión al título de una de las canciones más míticas de The Doors, diré que el final no siempre es negativo, al contrario de lo que se nos hace creer.
Cierto es que depende de cómo lo pasemos, ya que si estás bien, el final más que joder, duele. Y entonces todo es horrible y feo, pensando en lo bien que lo has pasado/hecho/sentido. Pero también es cierto que el final a veces supone un alivio, tanto emocional como físicamente.
Discutiendo, a un día del final, con amigas (que no compañeras) sobre las razones que han convertido una simple convocatoria de Febrero en la peor de la carrera, llegamos a la conclusión de que estar acabándola nos afecta mucho. Pero mucho. Viendo también que no eres la única que ha pagado el pato con quien no debía y ha pasado días malos. Es más, el raro ahora es quien no lo ha hecho…con lo mal que te sentías tú, oye! El caso es que el final académico se va acercando más y más, y cada vez te sientes un paso más cerca del borde del precipicio. E inevitablemente empiezas a pensar, ya en el último curso (oficial), en todas aquellas cosas típicas: que si acabaré en el plazo que me planteé, que si qué pasa si no lo hago, que cuántos créditos me quedan por cubrir, que si me servirá de algo un máster, que si encontraré algún trabajillo que me permita tener dinero hasta encontrar otro decente, que si me iré de casa, me iré fuera o simplemente me iré de la Universidad. Y con esos pensamientos aparecen todos aquellos negativos que la carrera te ha generado: malos rollos entre compañeros, valoraciones de los mismos, exámenes, apuntes listos para la hoguera, faltas de vocación, miles de manuales que jamás volverás a usar y en los que gastaste dinero…
Después de todo, los exámenes acaban tal cual empiezan: con una sensación contradictoria, entre las buenas intenciones y los cargos de conciencia, generando la misma presión del principio al final. Con esa sensación de no quiero estudiar, que si es de cien antes del primero es de mil antes del último. Lo importante es que ya te da igual, porque a fin de cuentas, éste es el último.
Cuando acaba el frío llega el calor.
Cuando acaba la luz llega la noche.
Cuando acaban Hogueras empieza el verano de verdad.
Cuando acaba el viernes, llega el sábado.
Cuando acaba la fiesta, uno vuelve feliz a casa.
Cuando acaba verano, llegan Moros.
Al final Jim Morrison tenía razón: “My only friend, the end…”