Censura
Resulta que una se autocensura con demasiada frecuencia. Esa misma una se pica con su una interior por ser tan jodidamente prudente, aunque se enorgullezca de que se lo digan y en algunos momentos, pocos, caiga en la imprudencia por su condición de ser humano. Suele suceder cuando comprueba que, desgraciadamente, la gente sólo crece en su DNI y con sus arruguitas de más (o de menos). Y es que otros/as (porque aquí no me dirijo a nadie en concreto) no se cortan un pelo en decirlo todo, tanto cotilleo propio y ajeno como palabras que deberían ser tipificadas como “puñales con picante”. Pero esos mismos otros/as suelen tener amigos prudentes que, simplemente, les dejan existir como personajes desfogados, “criaturitas” que simplemente “son así”.
Últimamente me pregunto si debería hacerme la mañaca de vez en cuando. Si, quizá, un día que mi cabeza me abandone y pase a ser mera sujeción de mi pelo me decida a ser un poco “como los demás” a ese nivel. Pienso que si acostumbras a alguien a que seas tú la racional y ese alguien el irracional, ese alguien podrá seguir siempre como tal: irracional acostumbrado a que tú le entiendas, le comprendas y calles. Porque como un día te trastoques, se montará la de Dios y será tu culpa eternamente. Pues sabéis qué? Que me canso.
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Después de este lapsus de autoconfesión, dejo de ser prudente y decir que vuelvo a sentir el “Diosquémepongo!” mientras los nervios me atacan esperando la gran cena…que no me importa tener que levantarme con el gallo para ir a trabajar…que llevo bastante tiempo esperando el día de hoy…que me confieso emocionadita perdida…que me encanta esta situación nueva(bastante antigua, en realidad)…


