De azafatismo y otras cosas….
Adoro limpiar y tener ordenadito mi piso (y mi habitación preciosa), pero odio hacerlo con prisas.
Pues sí señores, se supone que la semana, que hoy acaba, tiene 7 días en los cuales tenemos 168 horas para hacer eso para lo que nacemos: vivir. Parece una buena cantidad de horas, que no digo que no, pero si sacamos cálculos, poquitas tenemos para vivirlas y hacer algo interesante. De eso me estoy dando cuenta últimamente.
Resta 7 (sí sí, ni una más y quizá algunas menos) para dormir, que es la base para sobrevivir al día siguiente. Quítale una, o una y media, para comer a mediodía…que tampoco es tanto, oye. Otra hora para cenar, o quizá incluye también aquí el desayuno. Y aproximadamente otra hora menos para todas esas cosas que la gente hace para estar presentable y las cuestiones fisiológicas e higiénicas que todo serecillo que se precie realiza. Réstale ocho más de plantoncillo en un estanco, intentando atacar a quien ose entrar en tu ahumado territorio (porque ni Panete respeta la Ley Antitabaco, cosa que veo genial) para ofrecerle regalos medianamente feos e intentar llegar a un objetivo que, permítanme opinar, es más dudoso que real….a las pruebas me remito. Por último, restemos hora y media por el tiempo que pasas antes de entrar a currar, que en nuestro caso se pasa en el coche llegando al lugar y esperando a que abra, y una hora para volver a nuestras casas después de trabajar.
Con lo cual, si no me salen mal los cálculos (confío en la calculadora porque las mates nunca fueron mi fuerte)….quedan 3 horas, repartidas entre el tiempo de “sobremesa” antes de volver a entrar a trabajar y el tiempo que pasas antes de irte a dormir después de la cena. Ese es el valioso tiempo del que disponemos tres azafatillas y yo para el resto de cosas que componen una vida. Y la verdad es que a mi juicio, es más bien escaso. Y en esas tres horitas te da tiempo a reírte de las conclusiones que vas sacando y que, a grandes rasgos, son éstas:
Resulta que ya nunca hablarás de hacer una “quiniela” en un examen, sino de hacer un Lototurf,un Quíntuple Plus o una Primitiva. Sabrás que el Euromillón es la mayor tentación de la vida y que acabarás “echando uno”, por muy ajustada que vayas económicamente. Puede ser que, entre estas actividades, llegues a dudar de si eres una trabajadora de Telepizza o una azafata de Fortuna, ya que la gente está confusa, mucho. Tendrás que hacerte a la idea de que la gente querrá esa única cosa que no vendes y que odias tener encima: tu gorra. Nunca pudiste imaginar lo valioso que se hace un mechero en determinadas ocasiones y lo que darías por que te tocara esa promoción a ti. Te reirás pensando en la inventiva de la gente y sus excusas para no comprar. Te darás cuenta de que esa misma gente no se corta un duro a la hora de decir NO; es más, te pega unos cortes que ni tu peor enemigo. Incluso puede que olvides en algún momento la cantinela de “Dos cajetillas, un boli. Cinco, la pulsera. Y por un cartón, el cinturón o dos pulseras”, a pesar de ser la frase que más repites a lo largo del día. Pensarás que tienes suerte por estanqueros/as geniales, que te tratan como a una hija, o que las jodidas Leyes de Murphy te atacan sin control, por otros. Sentirás lo que es vergüenza y miradas ajenas cuando vayas con tus compañeras a cualquier sitio, las cuatro clónicas en acción. Verás a los hombres más guapos del planeta (desconocíamos la clientela estanquera) y también a los tipos más pesados del Universo. Recibirás proposiciones de trabajo, de matrimonio, de salir a tomar algo y lo que Dios quiera, de fumar cuando no puedes, de irte a almorzar, de echar un Euromillón juntos….Desarrollarás un instinto mágico para saber a quién tienes que preguntar y a quién ignorar y para saber cómo te irá el día con sólo mirar la puerta del estanco. Descubrirás que es un trabajo feo pero con unas compañeras y una coordinadora geniales.
Son, como se suele decir, los gajes de éste, nuestro azafatismo. Que mañana empieza de nuevo.
Preparados, listos….diseñen sus cajetillas!!!!
Dedicado especialmente a esas cuatro cansadas fortuneras…