Autocontrol
Hasta hace aproximadamente una hora, mi día era genial. 0 resaca, 0 cansancio, 1000 alegría, 1000 motivación, 1000 buen humor. Cosas que generalmente no se asocian a un domingo…pero la vida y las semanas están llenas de sorpresas.
Odio, y repito ODIO, a la gente con morro. Es algo que me supera. No pretendo que todo el mundo sea abnegado, coherente y condescendiente con los demás…es una utopía que no llegaré a ver en mi vida. Pero unos mínimos es algo con derecho a exigir. Completamente.
Cuando el morrudo en cuestión es un amigo, un conocido o una persona que simplemente existe (carente de una relación definida contigo), puedo pasarlo. A fin de cuentas, ni nos unen responsabilidades en común, ni un parentesco que generalmente te obliga. Pero cuando ese ser es de tu “familia” (por decir algo, porque tenemos concepciones distintas), las tornas cambian. Vaya si cambian. Y duele más. Vaya si duele.
Sólo diré que espero que la vida te lo acabe devolviendo. Porque ni es la primera, ni creo que sea la última.
Punto.