Parece mentira, pero la vida cambia aunque uno no se de cuenta. Lógico porque ese uno la está viviendo y sólo se dedica a llenar su tiempo hasta el día de mañana. Pero las cosas cambian, o mejor dicho, el modo de ver y vivir las cosas.
A día de hoy, entre revistas, teorías y artículos propagados por los medios de comunicación y la culturilla o sabiduría popular se nos anima a salir de aquellos cánones antiguos que marcaban las vidas…pero es un juego con truco, porque nos enseñan e imponen otros. Quizá el proceso sea más indirecto o seamos menos conscientes de él, pero sigue siendo eso: casi una imposición.
Los cánones se dictan según la vida de unos pocos. Ya decía un profesor mío que ahora hay que ser “cool”, “moderno” y muchas otras palabras que ahora se usan casi sin sentido. Mientras que un mísero 10% de la población puede encuadrarse dentro de este término, el 90% restante tiene que, o bien aspirar a serlo, o bien estar orgulloso de ser normal y querer dejar de oír sandeces sobre lo que su vida tiene que ser.
Afortunadamente, la vida es una de las pocas cosas que es de uno. No puede ser siempre como se quiere, pero es seguro una de esas cosas que es tuya, pasen los años o las personas, de tu propiedad. Y ruego no me malinterpretéis porque no quiero decir nada aparte de lo que estáis leyendo. El caso es que ahora se supone que la gente debe ser de una forma concreta, o a eso animan las revistas:
Uno tiene que ser, básicamente, inconformista. Estar lleno de ambición pero en el punto justo para poder considerarse públicamente como humilde. Querer ascender en el trabajo y comerse a todo lo que se le ponga por enmedio, eso sí, con estilo y que parezca que uno tiene educación y es bueno en el fondo. Lo que significa, en pocas palabras, tener una acojonante vida laboral desarrollando un trabajo que le genera unos beneficios increíbles, le permita realizarse como persona y que, encima, le guste. Ah! Se me olvidaba…este super trabajo tiene que poderse compaginar con una vida emocional estable pero liberal, con una pareja (o dos o tres, que la vida son dos días según el canon) guapa, divertida, buena y siempre dispuesta a doblegarse por tí sin rechistar. Y en el caso de que te contraríe lo más mínimo, dejarla. Por supuesto que esta situación se da en una vivienda perfectamente decorada, moderna, grande, limpia y siempre lista para eventos sociales en los que, además de cocinar/preparar, debe atenderse a la pareja, a los invitados y controlar el percal, gozando así de una vida social “envidiable” (léase para quién). También unos hijos adorables que no lloren ni para atrás, que no hagan murmullo pero sean “los reyes de la fiesta” (esto es lo último que he oído, convierte a tus hijos en un circo). Por supuesto, siempre tienes que querer más y más de todo: más sueldo, una pareja mejor, más viajes, más cosas, más de todo sin el menor esfuerzo. Más, simplemente. Nunca conformarte con lo que tienes, por muy bueno que te parezca.
Porque ahí está el quid de la cuestión. Por muy buena que te parezca tu vida, simple pero realizante, siempre van a hacerte pensar que necesitas más. De todo. Y da igual que esta situación sea irreal, pero te harán creer que todos la tienen y que tú, como humano y persona que vive en este siglo y sociedad, tienes el deber de tenerla. Y si no la tienes, o simplemente no quieres cambiar la tuya…perteneces a ese horrible 90% que vive anclado en el pasado (que relacionan, a golpe de editorial, con creencias religiosas o políticas…manda huevos) .
Que me perdonen, yo soy conformista cuando lo que tengo me gusta y me realiza A MÍ como persona…no a la sociedad en la que vivo. Y como es mi vida, la vivo como yo quiero conformándome con lo que YO quiero y ansiando lo que YO estimo ansiable. Sí, señores…yo formo parte de ese 90% de gente normal que va poquito a poco maquetando una vida a su gusto…sin ser “cool” y moderno (y otros términos que generan las revistas pero que no me apetece poner). Que qué es lo que más me gusta? Que soy realista. Punto pelota.
Ya lo dice el refrán…”quien mucho abarca, poco aprieta”.