Momentos “pre”
Los momentos anteriores a un examen son tan variopintos como las temáticas de los que pueden versar estos últimos.
Generalmente, estos momentos “pre” suelen caracterizarse por los nervios, las tensiones y los mordiscos de uñas. Demasiado café o demasiada ignorancia del temario, quizá, llevan a uno a estar tremendamente nervioso aunque aparente tranquilidad o racionalidad. Pero lo cierto es que, personalmente, yo tengo bastantes pocos momentos de estos.
O mejor dicho, depende de la distancia temporal que una al momento con el examen.
Si quedan dos días, hago el plan vitalicio de estudiar fuerte aprovechando que estoy relajada (sí, soy una de esas pocas a las que la tensión no sólo bloquea, sino que se vuelve pasota). Como digo, estoy básicamente tranquila porque suelo haber estudiado ya algo de lo que me voy a examinar. Son días de cosas cansinas y horario robótico (me levanto a las X, estudio hasta las X, como y descanso hasta las X, estudio hasta las X), rutina que no me gusta en absoluto porque me encanta salirme un poco de la directriz y aprovechar el día. Son momentos en los que a uno le gustaría salir a pasear, aprovechar su vena creativa (he aquí la especialista que hace cuadros, portarretratos y montajes fotográficos en exámenes), quedar a tomar unos cafés, ordenar su habitación y sus apuntes pasados, estar con su mami bien apretujaditas o con sus amigas del alma. Pero no, dice tu cabeza, es momento de estudiar. Que bastante casualidad es ver en exámenes cuán completa puede ser la vida como para que la desaproveches empanándote en cosas que no puedes hacer.
Si es el día de antes pueden pasar dos cosas, aunque generalmente solo pasa una de ellas. Puede que ya hayas acabado y sólo tengas que repasar o puede que uno de aquellos “torro” temas que juraste estudiar después de los entretenidos se haya quedado ahí, en versión “apuntes”, tal y como lo dejaste. Seguro que habéis adivinado cuál de las dos cosas es más frecuente. Aún así, en ambos casos, uno se vuelve tan pasota como puede y deja pasar las horas en pos de que llegue el examen. “Es que lo haría ya y punto!” es la frase recurrente en este momento, cuando realmente sabes que no querrías hacerlo. Uno se siente bravo y fuertote y piensa que lo haría genial. Pero no, amigos, eso no es del todo cierto, más si eres del segundo grupo. Con esto, deja pasar el tiempo haciendo otras cosas y dando pequeñas sesiones de estudio que salpican el día más que las manchas de un dálmata. Pero nada serio,oye.
Cuando por fin llega el día, lo peor que puede pasarte es que tengas el examen a las 3, las 4 o las 6 de la tarde. Porque, contrariamente a lo que piensas, el repaso mañanero cuando tienes bastantes horas suele tener un resultado académico nulo. Es, en pocas palabras, una prolongación de la jornada anterior. Si, por el contrario, tienes pocas horas antes del examen desde que te despiertas, probablemente te cundirá más un repaso y puedes incluso tener la suerte de estudiar aquel “torro-tema” que con suerte cae en el examen. Porque la casualidad a veces es maja.
Otra de las opciones del día anterior, en este caso concreto de mi examen de mañana, es que te de por escribir en el blog y tengas que contenerte en vez de estudiar. Y según Arispiq, no soy la única que reacciona escribiendo ante momentos “complicados” en los que debería estar haciendo otra cosa.
Qué le vamos a hacer…a mí nunca me gustó ser un bicho raro y “mal de muchos, consuelo de tontos”.
Suerte para todos!!


