Planecitos
Así pues, un día alguien bautizó a mi padre como “Planecitos”. Y sí, lo cierto es que mi padre es una persona tremendamente dada a organizarlo todo, lapiz y papel en mano. Nos reiremos, es probable, pero lo cierto es que cuando cuadra algo hasta el fin, ese algo sale a la perfección (según su plan maestro). Y es harto gracioso plantear una cuestión y ver que siempre te ofrece un proceso para llegar hasta el objetivo. Podría haber sido estratega, pero la medicina le enganchó desde que tuvo uso de razón.
El caso es que, tras risas y coñitas varias por el motivo del mote, casi todos hemos comprobado con los ojos como platos que hay un pequeño “Planecitos” dentro de cada uno de nosotros. Que mi hermana es planecitos en un sector, que yo soy capaz de organizar hasta la emigración invernal de los patos al sur, que mi otra hermana también organiza que da gusto…
…hasta el punto de que, en mi caso, no puedo hacer grandes planes si antes no cojo lápiz y papel y analizo los pros, los contras, los “peros”, los “y si…” y todas aquellas cosas derivadas de una decisión. Sí, yo soy rutinaria y dedico la noche de los domingos a hacer mi lista de la compra en un papel. Y me encanta. Sí, cuando tengo una ocasión especial en mente, me encanta tener todo planeado al milímetro.
Sí, es cierto, me cuesta improvisar, cosa que está muy de moda. Sí, necesito pensar antes de decidir, cosa que parece pasó de moda hace unos años. Sí, no sigo al pie de la letra el “Carpe Diem” en todos los días y situaciones de mi vida, cosa que parece ahora hay que hacer.
Pero sí, también es cierto que me encanta ser planecitos y es uno de mis mayores orgullos. Y a los demás, aunque no lo quieran reconocer, les viene de fábula. Si es que los motes no se ponen porque sí…
…y de padres gatos, hijos michines.
