Contando chistes a uno le saben mejor las cosas.
Es el caso del globo y el PSOE, repetido como argumento constante de mi eternidad cuando le echo la culpa por algo. Aunque lo peor es que te acuerdes, en un momento de tensión o seriedad, de un chiste y te bloquee la cabeza, regodeándote en tu risa mental y tus nervios por no reírte. Merece un aparte la, relativamente reciente aprendida, “Verdadera historia de Joselito”, chiste o chascarrillo contado por mi eternidad hace ahora un año y que aún me hace reír a carcajadas con cualquier mención al personaje o la expresión “Maldiiiiiitooss!!”. No tengo cura de ese chiste, no puedo evitar reírme hasta las lágrimas…y yo cuando pillo la risa tonta, ya está todo perdido.
Esta tarde, intentando enseñar el inglés que sé a mi nuevo alumno adolescente, me he atascado con un tiempo verbal y un ejercicio, y en mi propia equivocación sólo conseguía pensar en aquel chiste de “If, if, between,between….”.
(Y sí,sé que me ganaré el puesto de blogfriki nº1, pero si cito su historia cito al personaje)
Yo me engancho con facilidad a las cosas. No me gusta utilizar el término “viciosa” porque automáticamente genera en la mente de cada cual una interpretación sexual del mismo, y no es así. Así que si le eliminamos toda connotación sexual, lo reconozco. Así soy.
El caso es que, como cada invierno, empiezo a notar que un día me levanto extremadamente (y cuando digo extremadamente, es muy extremadamente) cansada y el primer café del día (porque hay más, bien lo saben mis allegados) no me hace nada de efecto. Cuando llego a trabajar, me pican los ojos y me duele algo la cabeza, además de la garganta, cosa que suelo achacar a mi fiel amigo Lucky Strike por error. Nada más lejos de la realidad, que aunque éste interviene activamente en mi sintomatología, el verdadero culpable es el catarro. Me gusta llamarlo “enfriamiento”, como dicen en mi casa, porque estos pequeños síntomas son realmente una antesala de lo que está por venir. Cuando acaba la jornada, yo me encuentro mal remal y me doy cuenta de que, una vez más, el costipado me ha ganado la partida. Y ya no sé cómo abrigarme, medicarme o autotratarme, porque no consigo que se esfume hasta bien entrado el año. Siguiente.
Como Murphy me ha querido mucho durante el 2008, valora el hecho de que yo pueda descansar y tenga tiempo, haciendo que mi costipado llegue justo en el día que echo más de menos desde los siete días anteriores: el viernes. Así que Murphy, alma cándida como pocas, consigue que pueda descansar para curar mi costipado incurable. Aunque también puede darse el caso, como hoy, de que lo aderece con una súbita bajada de azúcar gracias a la cual hago viajes siderales sin necesidad de sustancias ilegales. Me siento como una película, una transición en “Fundido a negro”, casualmente, una de mis preferidas. Y hoy, cruel amigo Murphy, me ha atacado en el autobús, haciendo que nunca haya deseado más llegar a casa (y eso en el 24, amigos, es mucho) y que llegara finalmente para acostarme y decirle a mi eternidad “Hola. Me encuentro mal”. Yo es que soy una especialista en protocolos de recibimiento.
Afortunadamente, y ya que hablamos (hablo, a veces se me olvida el aspecto “monólogo” de mi blog) de películas, transiciones sintomáticas y viajes similares a la ficción, cuento con que aún me queda un trocito de El Padrino III, mi recién calificada P.D.C (Película De Culto). Sí, sé que es un crimen que con 22 años no la hubiera visto aún, pero siempre he querido y por circunstancias no lo he hecho. A partir del día 1 de darle al botón de Play, mi eternidad y yo nos hemos dedicado a verla a trozos, intentando esa conciliación de vida personal y laboral que últimamente está en boca de todos, porque son eternas. Con lo cual, la peli adquiere más emoción aún, porque estamos deseando la llegada de la noche para verla. Y no nos hemos fiado de los comentarios de aquellos que dicen que se puede ahorrar uno la tercera parte. Sí, dudo de que haya alguna mejor que la primera, pero es que a mí las cosas a medias no me gustan ni un pelo. Además, tiene una de las mejores bandas sonoras que he escuchado en mi vida. Y genera algunas coñas que nunca olvidaremos, como “Don Pito”, “Va fan culo, trabajo” y una larga lista de etecés aderezados de ese acento italiano memorable que nosotros imitamos como cuando un alemán dice “paella” en Benidorm, discusiones sobre la Mafia, sus valores y lo maravillosos que son Marlon Brando y Al Pacino.
Así que, por lo menos, mi costipado puede ser compensado con una alta dosis de mantita, Lucky’s y padrinos, para celebrar que por fin ha llegado el Viernes y hasta el Lunes no trabaja la menda.
Tu paciencia, aquella que quiere quererme.
Tu paciencia, aquella que calma mis humos y, si no puede, intenta capear el temporal y aguantar estoicamente hasta que acabe.
Tu paciencia, aquella que conoce mi ser, mi ser imperfecto, y a pesar de ello me espera, me siente, me quiere, me valora, me adora, me devora con los ojos y las palabras.
Tu paciencia, aquella que dice ser impaciente pero espera por lento que pase el tiempo a que yo me acerque.
Tu paciencia, que me escucha hablar en las noches, echarte la bronca en sueños, sabiendo que no soy consciente.
Tu paciencia, aquella que me hace relajarme.
Tu paciencia, aquella que aguanta mi trabajo y mis dificultades para desconectar.
Tu paciencia, aquella que intenta hacerme sentir afortunada incluso en mis peores años.
Tu paciencia, aquella que espera un beso porque sabe que llegará.
Tu paciencia, aquella que espera el momento oportuno para “hacernos serios”.
Tu paciencia, aquella que me aguardaba en la T4 o en Chamartín en ese “único” estado de nervios.
Tu paciencia, aquella que se enfada.
Y aunque a veces puedas con la mía, que es común, pasan dos días sin verte y te echo de menos a más no poder, recordando como una extraña cuando los dos días eran realmente dos semanas.
Cuando la convivencia era de fin de semana…qué suerte tenemos de haberla pasado.
Ayer, por fin, mi eternidad y yo conseguimos cenar sushi en Alicante.
Tras la triste desaparición de Praslin, donde éramos prácticamente los únicos ocupantes de la zona sushi (al menos nunca coincidimos con nadie), mi eternidad y yo andábamos buscando algún sitio, a ser posible en Alicante capital, donde degustar sashimis, makis y nigiris varios. El caso es que si a)uno no cuenta con un vehículo propio y b) uno no cuenta con una cuenta corriente llenita, es bastante difícil si no imposible encontrar un japonés en Alicante. Sí, muchos orientales, chinos y cosas similares: pero japo japo, pocos.
El caso es que nos lanzamos a la aventura y nos fuimos a una cena de ricos (que al final costó mucho menos de lo esperado y fue baratuna) en bus (sí, risas aparte) con vuelta de pobres (a patilla). Shichimi Teppanyaki (
Avinguda del Pintor Xavier Soler 22, bajo)nos esperaba como nuestras panzas al sushi. Una vez allí, visto el buen local, la decoración adecuada y el servicio simplemente perfecto, nos desesperamos con la llegada de los platos. El futomaki, que había que comer en dos bocados, cayó entero en la boca provocando unos gemidos internos y unas sonrisas que hacía tiempo que no se repetían (alimentariamente hablando, claro).Y los makis. Y el nigiri. Y el sake. E incluso el wasabi. Hasta la nata con fideítos del postre, el maki de plátano, nos dio ganas de repetir.
M - A - R - A - V - I - L - L - O - S - O
Y, al hilo de esta anécdota, visitaba yo el blog de Arispiq cuando me he encontrado con un post sobre el amor en serio, ese que existe después del enamoramiento. Es decir, aquel que aparece cuando maripositas, sonrojamientos y nerviosismo-hasta-el-infarto desaparecen o se atenúan.
Muchos dicen que el enamoramiento es amor y, perdonadme, esto no es así. Es difícil definir lo que es amor porque cada uno lo define de una forma, lo necesita de una forma y lo vive de otra. Otros muchos dicen que cuando la chispa se va, se acaba el amor. Falso, porque el amor no es una época, es un sentimiento fuerte, inmensamente más fuerte que el enamoramiento. Duele más, gusta más y hace sentir más.
Pienso que, aunque a veces se eche de menos la etapa nervios/maripositas, es mejor saber en todo momento que eres querido y que quieres. Sentir esa tranquilidad, ese apoyo seguro y esa complicidad que te da el querer a fondo, con todo lo que eres y, sobre todo, con todo lo que el otro es. Sí, a veces parecerá aburrido, pero te hace sentir más pleno durante mucho más tiempo que el enamoramiento. Saber qué piensa el otro, saber qué defectos garrafales tiene, saber que tiene cosas que te revientan, saber que casi siempre actúa de la misma manera, saber que lo conoces, saber que sus planes o ideas no tienen que coincidir con los tuyos, saber que igual que épocas buenas hay malas, saber que no puedes ni puede venderse para quedar como perfecto…y a pesar de eso quererlo, más que a nadie.A pesar de eso, preferirlo ante cualquier otro. A pesar de eso, imaginar toda esa vida que quieres a su lado. Es, como dice Sivio, “un arte mayor”.
Eso, al menos en mi opinión, es infinitamente mejor que estar “enamoriscado”.Aunque haga falta para llegar al siguiente nivel. Es esa sensación de que, a pesar de todo, quieres y te quieren. Es esa sensación de triunfo constante por superar lo difícil y seguir queriendo hacerlo, por pesado que parezca.
Ayer, con sólo unos ojos, yo sabía que pensaba mi eternidad. Ayer, con un viaje en bus y otro a pie, supimos reventar de felices. No hizo falta hablar, sabíamos qué pensábamos. Sabíamos que éramos felices el uno con el otro, como sucede desde hace tanto tiempo. Como siempre hemos y nos hemos querido. Amor pasado por sushi.
Para acabar este “testamento”, pondré esta perfecta definición de Lope de Vega que siempre ha sido mi preferida (léase con la hipermega maravilla de Silvio final):
Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso.
No hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso.
Huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño.
Creer que el cielo en un infierno cabe;
Dar la vida y el alma a un desengaño,
En estos momentos me hallo sumida en uno de mis mayores placeres. Se trata de una pequeña rutina que me encanta y que hacía tiempo que no hacía: calcular la lista de la compra.
Sí, soy una persona algo aburrida en ese aspecto porque me GUSTA la rutina, lo sé. Pero el placer depende de cada uno y a mí me gusta mirar lo bueno de las cosas simples, como hacer la lista de la compra el Domingo mirando por cuánto me va a salir y (pequeña utopía que hace mucho no hago) comprar el lunes a primera hora.
El caso es que, viendo las cosas a través de la página web de Mercadona, mis ojos se quedan como platos en la sección AGUAS. Veo, casi con estupor, que no sólo han proliferado las aguas con sabores (bastante inútiles a mi entender porque, de que esto suceda, si el sabor del agua no te gusta vas listo y si se pretenden sabores…al rico zumo) sino que ahora hay aguas con todas las mingas posibles. A saber, aguas con fibra (?), aguas
BETA6, es decir, agua,POLIFENOLES y BIOFLAVONOIDES (??????????), con antioxidantes naturales y con suplemento de vitaminas. Porque claro, el agua nooooo aporta nada en sí misma, hay que añadirle cosas (ironía).
Viendo esto me he acordado de una situación en la que nos encontrábamos mi eternidad, su compañero de piso y yo. Esta situación empezó al observar que hasta el atún tiene fibra plus y acabó con una pregunta : “¿Es que todo el mundo está estreñido o está de moda irse por la patilla?”. Porque, ah, señores, es millones de veces más importante “tu regularidad” que comer todos los días bien.
Con esto, me pregunto si realmente necesitamos comer/beber con tanta minga añadida. Que yo me creo que esta minga esté controlada, pero no veo la necesidad, si uno se alimenta bien, de echarle al jamón york fibra, de incrementar los aceites del atún (que ya los tiene, oiga!), de hacer la leche con fibra o con calcio(otra que ya lo poseía desde los tiempos de Matusalén) , la carne con vitaminas extra, los yogures con omega3 y miles y millones de productos light, reducidos, alterados y modificados para que cuanto más cosas lleve la etiqueta, mejor sea el producto. Que conste que entiendo a aquellos que tienen problemas de salud y/o aquellos que necesitan un plus de algo (caso en el que me encuentro), la cosa no va con ellos sino con la manía de que la comida deje de ser comida para ser una amalgama de química que, oh señores, nosotros desconocemos. Llega el momento en el que uno, antes de comerse un yogur, pensará en cuántas cosas además de leche fermentada lleva el producto en cuestión y por ende se planteará dos veces el comérselo.
Y precisamente por esa ingente cantidad de cosas “buenas” añadidas a la cosa buena base.
A estas alturas, me pregunto si la pasta es pasta o yo soy la pasta.
Y lo peor de todo es que la comida, en sí, tiene todos aquellos nutrientes y cuestiones necesarias para un buen funcionamiento del cuerpo. El problema está en saberlas ordenar y combinar de forma que ni nos pasemos ni tengamos carencias de algo en concreto. Y las carencias tienen que suplirse con otros tipos de alimento(y/o suplementos concentrados de una sola cosa) y dejar que el cuerpo los asuma, porque sabe hacerlo muy bien. A este nivel, llegará un día en el que el cuerpo no tenga que ocuparse de nada y nosotros tampoco, porque habrá comida para cubrir todo aquel esfuerzo que la persona tiene que hacer. Es decir, preparaos si algún día sólo hay comida con extra de grasas porque entonces no sabremos comer….
…palabra de hija de médico e hipercolesterolémica hereditaria.
La vida cambia mucho en poco tiempo. Algunos vienen, pero no alegra tanto como entristece que otros se vayan.
No debería pensarlo, lo sé, pero en cinco meses he perdido dos puntos de referencia fundamentales en mi vida. Dos personas que han supuesto y marcado el curso de la misma, siempre para bien.
Y sí, ellos están mejor y se supone que nosotros también. Las personas mayores no tienen por qué seguir si no quieren, sobretodo porque no tenemos derecho a quererlos mantener en nuestra vida si no están bien y no quieren estar, especialmente si se echan tanto de menos el uno al otro que no quieren vivir, especialmente si ves que cada uno de sus días es una lucha por un imposible y que no sólo están mal, sino en un estado pésimo. Y por mucho que sea racional, por mucho que me alegre de que ahora estén mejor, por mucho que les dedique posts con su canción de novios…
…no puedo evitar echarlos de menos hasta las lágrimas.
A quien no conoció a mis abuelos le diré, pecando de soberbia, que me envidiarían por haberlos tenido.
En mi oficina hay un portero.
Puntualizo, en el edificio de mi oficina hay un portero.Y como buen portero, siempre está rondando por la entrada y deja, perfectamente cuadriculados y colocados DOS tipos de periódico gratuito encima de su mesa para que podamos cogerlos al entrar (o para que no le den la llanda los que los reparten dejándolos en la puerta de la calle).
El Roge, que así se llama nuestro portero (los almuerzos y el estrés dan para ser creativo en cuestiones de naming), se preocupa por nuestras mentes dejándonos vía libre hacia lo intelectual y fomentando que leamos el periódico (aunque a veces no merece tal calificativo) en vez de morirnos de asco con Internet. Quizá él debería leerlo por cuestiones ortográficas que contaré otro día, pero para eso tiene el corrector de Word. El caso es que yo, cuando no trabajaba, tenía esa extraña costumbre de ver los informativos de la tele (lo sigo haciendo) al desayunar y, en su defecto, bajar a por el periódico por las mañanas para leerlo, haciendo especial hincapié en la sección Internacional, Oriente Próximo. Así, ahora que llego que me las pelo tras recorrer la laberíntica Avenida en Obras Eternas, me encanta coger el periódico para, utópicamente, poder leerlo antes de empezar a trabajar. Pocos son los días que lo consigo, pero si encima tengo suerte y me he subido un café del bar, casi me siento como en casa…
Y resulta que el otro día leí que el Gobierno está preocupado por que la crisis nos pase factura (lo irónico de las palabras) mentalmente hablando. Es decir, que al Gobierno SE SUPONE que le preocupa que no lleguemos a fin de mes porque nos duele el alma, el corazón y la cartera. También se supone que le preocupa que nos pongamos tristes o nos sintamos frustrados al contemplar a aquellos que no sienten la crisis o que aquellos que llegan justos a pagar el alquiler vean que la gente se compra una casa, o que miremos con melancolía aquellos tiempos de la peseta, donde (y aquí no podéis quitarme la razón), TODO ERA MÁS BARATO.
Pues bien, ahora resulta que tenemos a la Madre Teresa de Calcuta en el Gobierno y que se preocupan por nuestro bienestar emocional. Permitidme decir que si la preocupación va a remediarse igual que el bienestar económico, apañados vamos con poca ropa. Es lógico, cuanto menos, agobiarse y clamar al cielo cuando uno dispone de escasísimos recursos e ingentes gastos. Pero no es lógico que te digan que se preocupan, porque en vez de remediar el meollo, nos distraen contándonos cosas de lo mal que están en otros sitios. Así, dos pájaros de un tiro: excusón y distracción. Toma geroma pastillas de goma (me encantaba este dicho).
En estas cosas yo me pregunto, si nunca nos han puesto al vecino como ejemplo, por qué ahora lo usan continuamente en vez de plantearse una solución. Que sí, que dependemos del vecino pero….sintiéndolo mucho, no deja de parecerme una excusa. Sobretodo si, por casualidad, pillo el inicio de los telediarios de T5: juro que este mediodía he tenido suficiente con 30 segundos, creí que se acababa el mundo.
No me quiero creer que se preocupen por mi-nuestra salud mental, qué vamos a hacerle. Porque si eso fuera cierto, no sólo en este caso sino en muchos más, otro gallo hubiera cantado para muchas cosas. Y eso que siempre he pensado que todo el mundo es bueno salvo en determinados momentos. Pero visto lo visto, yo sólo sé que esto es un desastre y en vez de mirar nuestros temas, metemos la paja en el ojo ajeno (ellos entre ellos, ellos con los demás). La “desaceleración” de las mentes es mucho mayor y más importante que la “desaceleración económica” que nadie se ocupa de solucionar.
Al final, la pela es la pela. Y el marketing, el marketing. Que vivan los gabinetes de crisis…
Para que la Luna llena /nunca choque contra el suelo/hemos de encontrarnos siempre /a las afueras del pueblo /Con todos los besos nuestros… /Son preciosos nuestros besos /a las afueras del pueblo.
¿Qué pueden tener de malo /si es lo que mejor hacemos? /¿Por qué han de ser escondidos /los secretos y los sueños? /Son preciosos nuestros besos… /Pero nadie debe verlos /y es lo que mejor hacemos… /Para que la Luna llena /nunca choque contra el suelo /para que siempre podamos /conocidos encontrarnos /alargarnos la sonrisa /sacudirnos la distancia /y poder burlar al tiempo… /Para que la Luna llena /nunca choque contra el suelo..
Al final de la partida, /que siempre empiezo ganando /a las afueras del pueblo /tu me sigues abrigando /y te marchas caminando… /Y aunque todo ha teminado /de hecho todo está empezando
Y en la procesión del Cristo /engañaremos hasta al viento /somos los únicos miembros /de una sociedad secreta…
Si hay algo que me gusta, es pasear contigo por Elche.
No preguntes por qué, pero creo que los lazos emocionales que me unen a estas calles se intensifican si me haces compañía al andar por ellas. Pienso que son las mismas en las que te conocí, en las que supe que eras importante.
Las mismas que me llevaban al colegio donde, un día como otro cualquiera, me escribiste en la agenda. Las mismas en las que andábamos, sin cogernos de la mano, hace ya muchos años, pendientes de que no nos vieran y despidiéndonos en el portal con un par de besos furtivos. Aquellas que vieron cómo nos encontrábamos de nuevo infinidad de veces, quizá con un leve saludo con la cabeza, quizá mirando al suelo queriendo no ser conscientes de la emoción que nos recorría a pesar de no saludarnos.
Siguen siendo las mismas por las que nos encontrábamos camino del colegio, camino de reunirnos con los amigos o camino de las academias. Aquellas por las que ahora, que escucho el Ipod, recuerdo conversaciones sobre el Internet de entonces, los discman y mi ineptitud para escribir e-mails (“emilios” de la época).
Aquella calle tan larga, atravesada sobre unos tacones y una hora ridícula a la que volver. Ahora nos reímos pensando en la razón por la que nos apartábamos del resto para darnos besos, cuando el resto sabía perfectamente que lo hacíamos…y nosotros también, sin saber por qué. A la ida de aquella calle, rota por los nervios, a la vuelta, satisfecha por el deber de besarte cumplido.
Son estas calles, las nuestras, aquellas que remueven mi interior y me hacen recordar anécdotas, sensaciones y situaciones que hace mucho vivimos. Son estas calles, las nuestras, aquellas en las que ahora paseamos tranquilamente, conscientes de que mereció mucho la pena pasar tiempo en ellas…
Porque me encantó, me encanta y me seguirá encantando, tengo que poner esto (todos tenemos un pasado, recuérdenlo)….
Definitivamente, hay gente inmutable. Esta gente no cambia nunca. Ni bajo diferentes circunstancias ni con el paso de los años. No cambian y punto.
Probablemente, a esta gente se les tache de auténticos, lo cual no es mentira. Pero…a qué precio pagamos que la gente sea auténtica? Se dice que es bueno, y no lo niego. Pero ser como uno es a veces no es beneficioso para los demás, especialmente si este es mala persona o hace daño por ser “auténtica”.
Fuera de esta discusión, lo cierto es que uno sigue sorprendiéndose al ver que el otro no cambia. Irónico o contrapuesto, sorpresas porque no hay cambios. Cuando ese uno ve que los demás sufren por aquel tercero, quisiera decirle que si quiere seguir siendo así de auténtico, mejor se marche para no verlo más en la vida. Pero también es cierto que todos mantenemos algún atisbo de duda, especialmente cuando dicho tercero muestra pequeños (muy,muy pequeños) cambios aunque sea con cuentagotas. Es el peor defecto del ser humano, pensar que las personas pueden cambiar y pasar de la decepción a la pequeña (muy, muy pequeña, todo sea dicho) esperanza.
¿Y qué sacamos de todo esto? ¿Hay algo positivo en todo este entuerto?
Pues sí. Porque cuando uno llega a esta conclusión, cuando uno comprueba que hay gente que nunca cambia…
…es capaz, por fin, de dejarla a un lado y seguir con su vida.
Y aunque no se trate de amor de pareja en este caso, esta canción le pega bastante bien.