Wednesday, January 21, 2009

Bienvenido, Barack

Anoche bajé, como muchas otras noches, a comprar tabaco al Vivaldi.

La cosa no pintaba muy diferente del resto de días salvo por un “pequeño” detalle en su puerta. Un gatito que no se movía de allí ni con un tractor. Maullaba y miraba hacia el interior como si su dueño hubiera entrado allí para no volver.


Allí estaba, tan pequeño, sentado en la puerta durante todo el día, según me dijeron. Quería entrar al bar por el calorcito y quizá para recibir algún mimo, cosa que se notaba le hacía muchísima falta. Apenas dudándolo cinco minutos tras salir del bar, motivada por una majísima vecina desconocida que me dijo que el gatillo llevaba todo el día allí y lo que yo intuí que demostraba que era un gato de casa, me lo subí para cuidarlo.

¿Resultado? El gatuno reposa ya, tranquilo y revisado médicamente, en una colchita sobre mi sofá. Anda más contento que ayer y algo medicado, porque de su aventura callejera queda una conjuntivitis de caballo y una pequeña herida en la espalda, veterinario dixit.

De momento, mi eternidad y yo estamos más que contentos y orgullosos de la novedad en el piso de paredes naranjas.

Por cierto, “Barack” es su nombre provisional…alguna sugerencia?

Posted by canelilla in 19:37:58
Comments

One Response

  1. Anonymous says:

    Mi abuela tenía un gato que se llamaba Tristán, nunca entendí el porqué de aquel nombre, al que yo asociaba siempre con las onomatopeyas “tris” “tras”, pero reconozco que me gustaba, y el gato también. Eso sí, si ya le has llamado Barack, déjalo estar, no vayas a causarle un problema de identidad ;)

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