La paloma del canalón es, como su nombre indica, una paloma que vive o frecuenta el canalón que hay bajo el tejado del edificio de enfrente. Gozando de la habitación más luminosa de la casa (si no es la única), en nuestro epicentro de Internet, podemos verla por las tardes, las mañanas o las noches. Siempre en el mismo sitio, su canalón, sola o acompañada.
Y si bien no es un acontecimiento excesivamente importante para comentarlo en el blog, sí lo es para explicar el porqué de este post.
Pasa que, cuando uno comparte piso, si tiene suerte llega un momento en el que la confianza con sus compañeros es tal que no pasa nada si dice una chorrada absoluta o rompe el silencio con una risa por la cosa más tonta. En este caso, sucedió que tras mil tardes navegando por internet al lado de la ventana, mi compañera Bea (Trancas para los amigos) nos dejó a cuadros a mi compañera Raquel (Barrancas) y a mí (Motos) rompiendo el silencio con una frase contundente: “Dios. Ha vuelto la paloma del canalón.”
Mi madre siempre dice que mi piso parece UNICEF. Tras la genial idea de colgar un mapa mundi con las fotos de cada una y su procedencia, lo pensé y, como siempre, mi madre estaba en lo cierto: acumulo, en 6 años de compartir piso, compañeras de cinco nacionalidades distintas, española aparte. Repito con Alemania, zona de procedencia que no de origen de varias de ellas. Y lo cierto es que esto sólo tiene aspectos positivos, entre ellos el de aprender. Cultura, idioma (esto del alemán es una señal), costumbres, formas de ser y puntos de vista sobre la vida en general. Aprender y tener ocasión de ver cómo valoramos las cosas en función del origen de cada uno. Es genial. Aunque esto no significa en ningún caso que menosprecie a mis compañeras españolas, porque como en casa uno no está en ningún sitio.
Por eso y por otras muchas cosas tengo anécdotas de todas y cada una de mis compañeras, dando gracias por tener la ocasión de conocer tanta gente a través de compartir mi piso. He tenido infinita suerte y he encontrado a buenísimas personas y compañeras de piso que, en su mayoría, han pasado a llamarse amigas.La paloma en el canalón, la enamoradiza, la que murmura en gallego cuando se enfada, las murcianas, fuerza checa, la hobbit schwamm, la del mejor país del mundo mundial y amante del cali, canillicas & cía, la de ojos chinos cuyo dedo no tiene sentimiento…y me queda la actual novedad, a la que pondré un nombre característico y de la que ya, en un mes, tengo anécdotas graciosas para recordar.
En definitiva, mi piso es y ha sido un crisol de culturas y vidas absolutamente diferentes entre sí. Esto sólo ha conseguido que aprenda que nunca, nunca jamás, se acaba de aprender.Y la mejor opción, para aprender y enseñar, son las propias personas.