Friday, April 24, 2009

Hotelar y sus costumbres

Hotelar, mi nueva aportación a la amiga RAE, es una mezcla entre hacer descripciones y hoteles. Obviamente, no tiene sentido, muy observadores. Pero resulta que pasarse dos semanas enteras respondiendo a la pregunta “¿Qué haces?” con “Hacer descripciones de hoteles” es un poco cansino. Y como a veces peco de vaguería, me inventé este bonito palabro para resumir, en una sola palabra, todo lo que conllevaba la expresión anterior. Un nuevo término que añadir a mis modificaciones de palabras y refranes, hobbie que desarrollo desde hace muchos años y que cada vez me hace más creativa. Explicado el palabro, paso al verdadero tema del post.

El caso es que llevo dos semanas hotelando sin parar por un precio simbólico que, tal y como están las cosas, es un precio a secas. Mirándolo fríamente, no debería tener necesidad de marcarme este trabajo de chinos por semejante coste simbólico. Pero, porca miseria, sí la tengo. Mi cuenta lo dice todo y es suficiente argumento ante cualquier cuestionamiento. Gracioso no es, entretenido en el sentido estricto de la palabra, tampoco, pero da dinero. Y punto pelota. Ante lo simbólico del precio, me aventuré a cargarme con más faena ante un precio algo más tentador. Conclusión? El doble de faena en un tiempo límite record. 48 horas.

48 horas en las que la prolongación de mi mano no ha sido el amigo Lucky ni la cafeína, que también, sino mi fiel ordenador, en el que las líneas, los corta pega y las descripciones de hoteles han copado hasta al más paciente. En ellas, sumadas a las dos semanas que ya llevaba, he visto hoteles cutres, muy cutres, normalillos con aspiraciones y, desgraciadamente, ingentes cantidades de hoteles muy pero que muy maravillosos. Con la consecuente subida de precio. Además, viendo en qué centraba mis resúmenes, he visto esas pequeñas cosas que todos tenemos en común, sean cuales sean nuestras circunstancias o diferencias, cuando salimos de viaje. Esas pequeñas cosas son las que, con una estrategia bien marcada y unos análisis de experiencia, explotan nuestros amigos hoteleros para que caigamos en sus fauces. Bien hecho, por otra parte, porque al final disfrutaremos.

Sacando conclusiones varias, llegué a una definitiva: el concepto desayuno.
Cuando vamos de viaje, aunque sea a la vuelta de la esquina o a un sitio con pocas visitas culturales, sean éstos cuales sean, el desayuno es una especie de bacanal en la que todos almacenamos por si cae una bomba nuclear al salir del comedor. Con la extensa variedad que ofrecen los hoteles, y aún si se quedan cortos, las personas que normalmente desayunan un trocico de pan con aceite o que simplemente no desayunan, hacen acopio de unos dos o tres platos, que contienen cosas varias. Da igual que odiemos el desayuno inglés, porque cuando nos vamos de viaje nos plantamos unos huevos fritos con bacon como si fuéramos a ponernos unas sandalias con calcetines acto seguido. Allí, bien sea por quedar bien o por aprovechar, la fruta, los kilos de cereales y los millones de bollitos de pan circulan entre plato y plato hasta que el cuerpo dice, literalmente, basta. Es la hipocresía del desayuno, el hablar de dieta mediterránea en vez de dieta hotelera, por no hablar de pura gula.
Otro de los aspectos son los baños. Aunque en casa no nos bañemos, sino duchemos, en un hotel la tentación es taaaan alta que casi todos caemos. “Total, el agua la pagan ellos”. Además, buscamos hoteles que tengan de todo todito, aunque luego no utilicemos ni la mitad de las cosas.

Pero como, tarde o temprano, el hotelar se va a acabar, volveré a estas pequeñas costumbres maravillosas…

…que hacen que ir a un hotel tenga gracia.

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Wednesday, April 15, 2009

Autocrítica

Después de mi desahogo con el minipost de House, y dándome cuenta de que hace siglo y medio que no escribo, aquí va un post real. Que espero se acerque a las expectativas de mis pocos pero fieles lectores.

Leía el otro día en un artículo de Bárbara Alpuente (genial ella, por cierto) que la costumbre de postergar las cosas es casi inherente al ser humano. O esta es la conclusión que yo saqué, porque realmente ella contaba cómo postergaba las cosas. Me lo aplico a mí misma y soy consciente de que, efectivamente, así es: todos postergamos. Si no, no habría un refrán como golpe de efecto que dijese “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Y pese a que yo tengo la mala costumbre de reformar los refranes y, sin embargo, aprendérmelos en las dos versiones hasta el punto de confundirlos, lo cierto es que es algo que yo hago con infinidad de cosas.

Envidio de mi eternidad su fuerza de voluntad, que a mí me dejó desde el momento de nacer, imagino. Lo cierto es que algo tengo para algunas cosas, pero poca y para pocas. Así sucede con esos deberes cuando eres pequeño, con esas sesiones de estudio cuando no eres tan pequeño, con esa eterna habitación desordenada al ritmo de gritos maternos, con esos vicios que nunca dejas, con el conducir. No sonará extraño a quien me haya leído anteriormente el conocido “Síndrome de Don Limpio”, una banal excusa para postergar un estudio que, quizá simplemente porque no me apetezca, no llega hasta que un día aparece “Pepito Grillo” (Estamos de remember bloguero) o la conciencia de cada uno. Pero lo mejor, sin duda, del caso son las excusas que se pone uno a uno mismo, que superan con creces las que le pone uno a los demás.
“Claro, yo es que sin presión no puedo estudiar” ó la mítica contestación monosilábica “vooooy”.

Si es que no hay nada mejor que hacer un poco de autocrítica cuando el Pepito Grillo amenaza. Y cambiar?
Mañana hay tiempo….

Por cierto, acabo de encontrar a mi doble en Internet. Cierto como la vida misma.

Posted by canelilla at 22:19:27 | Permalink | Comments (1) »

Tuesday, April 14, 2009

Odio a House. Qué vamos a hacerle.
Ya no la serie, sino a él.
Posted by canelilla at 21:47:25 | Permalink | No Comments »