Veo ahora, pasado el tiempo, cuán grandes fueron vuestros esfuerzos por imprimirnos vuestro modo de vida, por aconsejarnos para crear el nuestro propio, por transmitirnos aquello que a vosotros os había tocado aprender a lo largo de los años…para evitarnos un largo camino de idas y venidas, de momentos buenos y muchos otros malos, que son los que al fin y al cabo te hacen aprender. Siento que el mero hecho de tener un anecdotario digno del libro Guinness es ya un aspecto a agradecer y que no puedo ni podría haberos pedido nada más. Teneros constantemente en cada estímulo, en cada cosa, en cada sitio es una muestra de vuestra dedicación, vuestro esfuerzo y vuestras ganas por que os recordáramos, porque vuestra existencia nos sirviera para algo.
Claro que nos sirvió. Sirvió para agradecer lo que uno tiene y ha tenido. Sirvió para darse cuenta de lo importante y placentero que es ser parte de un clan. Sirvió para decir con orgullo que es rara semejante relación, tan profunda y tan sincera. Sirvió para plantearse el cómo, el cuándo y el con quién seguir el camino que otros ya siguieron. Sirvió para ver lo verdaderamente importante de la vida, aquello que hay que transmitir de generación en generación. Sirvió para ver cómo se demuestra el amor, más allá de los clásicos mimos o relaciones abuelos-nietos. Sirvió para ver que la dedicación, la preocupación, el agobio e incluso las riñas te hacen sentir importante y querido, mucho tiempo después.
Mucho tiempo después, cuando comprendes las cosas que quisieron explicarte desde niño. Cuando sientes que lo que tuviste fue, de lejos, una de las mejores cosas que tendrá tu vida para siempre. Sentir, que aún pasado el tiempo y con barreras físicas, seguís entre nosotros en cada cosa que hacemos. Sentir, que aún demostrado mi amor hacia vosotros en gran medida, nunca terminaré de estar agradecida a vuestro interés, por vuestra labor y vuestros sentimientos. Recrearme pensando en lo que supusisteis y habeis supuesto, en lo que hicisteis y aún os queda por hacer cuando comprenda aún más cosas. Veros en fotos y esbozar alguna lágrima que, al pensar en todo lo vivido, me hace esbozar una sonrisa de triunfo por haberos tenido. Por haber sido parcialmente míos. Por haber sido mis héroes desde el día que os conocí hasta el último día del que tenga conciencia.
Por todo ello, gracias. Porque es la única forma de comprimir todo lo que quisiera deciros, aunque sea desde el pensamiento. Os echaré de menos siempre. En unos días volveré a mirar al mar y tendré millones de estímulos que me recuerden a vosotros, para recordaros sentados en vuestras mecedoras, como si nada hubiera pasado. Y desde allí, otra vez, volveré a daros las gracias.