Parece mentira...
Esos rones de medianoche y ese "juego de las sillas" mezclado con el "pilla pilla" alrededor del mobiliario de tu salón. Yo me acerco, tú te alejas. Y viceversa.
Las conversaciones de messenger, alejados durante meses espacial y emocionalmente, que daban lugar a citas para "ver qué tal te va la vida".
Aquellas perdidas sin respuesta, aquellos juegos de llamadas perdidas durante horas, a ver quién aguanta más, por evitar llamar y esperar una respuesta.
Esos encontronazos por la calle con varias opciones. No me saludas/ me hago la loca/ saludamos con la cabeza/ nos damos dos besos tímidos y hacemos las preguntas protocolarias/ nos miramos y ambos sabemos qué pasa por nuestras barrigas. Siempre, siempre, siempre acabadas con una sonrisita hacia los amigos si vamos acompañados ó una respiración profunda en silencio si vamos solos.
Los "ah,sí?" como respuesta a los cotilleos de las hermanas. Que si él está haciendo nosequé, que si la he visto por la calle y me ha dicho qué. Estupendos nos creíamos fingiendo indiferencia, pero se notaba a kilómetros. Como dijo la mía, "cariño, esto huele y te crees que yo soy tonta".
Las conversaciones con amigos, negando la evidencia y haciéndonos los orgullosos, los suficientes, los "aquí ni pasa ni va a pasar nada". Buenos actores en el escenario, fastidiados por ser realistas entre bambalinas.
Siguiendo siempre el mismo esquema, repitiendo los mismos patrones y con la misma persona en la cabeza. Innovar? Para qué? Total siempre va a ser lo mismo y con lo mismo.
Parece mentira que hayamos perdido tanto tiempo dando tantas vueltas y repitiendo tantos esquemas hasta llegar a la vez definitiva.
A la buena...

