14/06/2008

De Descartes a mi vida


Vivo, luego quiero vivir.

Desviada la máxima de Descartes "Pienso, luego existo", comprendo que la filosofía de los antiguos es perfectamente aplicable a nuestra vida. La crítica de la razón pura de Kant, el Mito de la Caverna de Platón...son sólo algunos ejemplos de que aún existen cosas que no cambian independientemente de los tiempos, circunstancias, personas o culturas. La filosofía, o saberes que establecen los principios generales del conocimiento de la realidad y el comportamiento humano, es algo inmutable independientemente de todo.

Aplicándolo a la máxima que yo he creado, lo cierto es que uno vive porque quiere. O mejor dicho, vive porque quiere vivir. Cuántas veces hemos oído hablar de bebés con problemas al nacer que superan lo insuperable...acompañados de comentarios del tipo "ese niño/a quiere vivir...".

Pues sí, si uno no quiere, no vive. Recuerdo escribir hace poco sobre los periquitos y su muerte por la falta de compañeros, acompañada de la situación de los muchos viudos/as que al quedarse solos no quieren vivir. No hay más pruebas que esas, las personas que, una vez quedan solas, deciden que su existencia no tiene más capítulos que los escritos y deciden esperar, con más o menos prisa o tranquilidad, a la muerte.


Tremendo, diréis. Pero yo hasta cierto punto lo comprendo. Sí, se nos enseña a vivir como personas independientes, perfectamente capaces de sobrevivir solas en un mundo como este. Y es cierto. Pero cuando tienes 90 años y has compartido 70 con una persona con la que has vivido todo lo que tenías que vivir...debe ser difícil, si no imposible, acostumbrarte a estar solo, como lo estabas hace ya casi toda tu vida. Y entonces, no te valen las teorías de la independencia. Te valen las de tus ganas. Las de tus deseos y expectativas. Y con esas, queridos, no hay teorías generales que valgan ni normas aplicables, salvo las tuyas.

Algunos tacharán de egoístas estas afirmaciones. No estoy de acuerdo. Sí, puede ser que ese ser quiera su tranquilidad y su propio descanso después de una vida que, más o menos plena, le ha hecho ser consciente de lo que necesita al otro y de todo lo que ha compartido. También puede ser que ese otro prefiera su fin a pesar de tener otros de menor edad (hijos mayores, nietos, sobrinos y demás familia) con los que existe la posibilidad de pasar el tiempo y compartir más o menos experiencias teniendo en cuenta que éstos tienen ya su propia vida. Qué egoísta, pensaremos, si quiere llegar al fin de su vida antes que dejarme compartir la mía con él/ella. Pero tan respetable es mi vida como la de los demás.

Pero, dejadme entonces que os plantee una duda que me surge con este tema...

...Quién es ahora el egoísta?


Preguntad a la filosofía y encontraréis muchas, pero que muchas, respuestas.


Posted by canelilla at 01:15:07 | Permanent Link | Comments (0) |
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